Europa sigue empeñada en regular su decliveEuropa sigue empeñada en regular su decliveEuropa sigue empeñada en regular su declive
La eterna canción del tren de la competitividad, que se nos escapa, sepultado por la burocracia de Bruselas. La UE también conoce, al menos sobre el papel, una parte importante de la solución. Necesita más inversión, empresas de mayor tamaño, mercados verdaderamente integrados, capacidad tecnológica propia y un entorno que permita innovar, asumir riesgos y crecer.
Pero, mientras proclama estos objetivos, Europa y España continúan levantando barreras que dificultan alcanzarlos. El continente parece empeñado en regular su propio declive.
Europa construyó buena parte de su prosperidad sobre instituciones sólidas, pero ahora se hunde en una acumulación de normas, autoridades, procedimientos y obligaciones que impiden la corrección de fallos de mercado y provocan reducción de la inversión. Tampoco se favorece la escala empresarial, algo reclamado desde las cúpulas de las empresas y se eleva el coste de innovar.
Ha generado un monstruo regulador, que busca alimentarse a si mismo antes que el bienestar de su gente. A personas y empresas les asfixia a fiscalidad, siempre bajo promesas de gasto público interminable, lo cual ha disparado la inflación.
Un diagnóstico conocido
Es decir, leyes burocráticas y buenistas, casi siempre con una segunda derivada contra los propios intereses. Burocracia, Fiscalidad, deuda e inflación. Esas son las causas de la pérdida de competitividad.
El debate ha dejado de ser una denuncia marginal de las organizaciones empresariales. El informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea atribuyó una parte del retraso del continente a las cargas administrativas, la fragmentación del mercado único, las inconsistencias regulatorias y las restricciones al capital. La propia Comisión Europea reconoce ahora que el marco normativo impone demasiadas trabas a la innovación y dificulta que las startups europeas puedan crecer y competir globalmente.
Bruselas ha reaccionado con una nueva retórica de simplificación, por tanto. La denominada Brújula para la Competitividad se propuso para reducir las obligaciones de información de las empresas y la Comisión ha presentado sucesivos paquetes para aligerar cargas administrativas. Desde febrero de 2025, el Ejecutivo comunitario asegura haber impulsado medidas de simplificación en distintos ámbitos económicos.
La existencia de estos planes es, en sí misma, un reconocimiento de culpas. Si Bruselas necesita lanzar una estrategia para reducir el coste de cumplir sus propias normas, es porque el problema ya no puede atribuirse únicamente a la percepción interesada de las empresas.
La paradoja es que Europa intenta simplificar al mismo tiempo que continúa produciendo regulación. Cada crisis genera una directiva; cada riesgo, una obligación de reporte; cada nuevo mercado, un supervisor; y cada objetivo político, una taxonomía, un estándar o un procedimiento de autorización. Corre el serio riesgo de intentar corregir la burocracia con más