Electrificación sin enchufesElectrificación sin enchufesElectrificación sin enchufes
El apagón es sólo la consecuencia de una enorme carencia. España y Europa están inmersas en una transición energética ambiciosa: más renovables, más electrificación, más dependencia de la electricidad para todo. Transporte, climatización, industria, digitalización… todo empuja hacia un modelo eléctrico. Sobre el papel, impecable.
Electrificar una economía no consiste solo en producir electricidad, siendo la generación un reto enorme, sino en lograr que la energía sea suficiente, barata y limpia (en este orden).
No seré yo quien cuestione si la electricidad debe ser la base del modelo energético. Seguramente sea verdad o tenga un gran poso de verdad. Pero, por resumirlo groseramente, estamos creando un mundo eléctrico sin enchufes.
La electrificación no falla en los grandes discursos, sino en la ejecución, el desarrollo y, por supuesto, en la capilarización. En lo pequeño. En eso que al ciudadano le hace la vida casi imposible pero está lejos de ser algo que preocupe a la clase política. Falla en el garaje y en la vivienda.
Se habla de millones de coches eléctricos circulando en pocos años con sus correspondientes ayudas públicas (o sea, gratis, porque lo público no tiene coste; como la vivienda “no es un bien de mercado”; esta última genialidad, viralizada esta semana), pero basta hacer el ejercicio mental de trasladarlo a una comunidad de vecinos para entender la dimensión del problema.
¿Puede un garaje medio soportar 50, 100 o 200 coches cargando a la vez? ¿Está preparada la instalación eléctrica del edificio? (Es decir, la cantidad de cable que hay que tirar por los falsos techos hasta los contadores) ¿Tiene la potencia contratada suficiente? ¿Hay que rehacer la acometidas? ¿Con qué regulaciones? ¿Quién asume ese coste? Resulta que lo que sí hay que rehacer son cajetines y cableado, con las correspondientes derramas. Por decreto.
La electrificación no sólo depende del coche: depende del edificio en una gran medida. Prácticamente ningún edificio está preparado, como tenga más de dos años.
Lo mismo ocurre dentro de casa. Se impulsa la electrificación de la climatización, de la cocina, del consumo energético en general, pero el parque inmobiliario europeo es antiguo, ineficiente y fue diseñado para otra realidad. Adaptarlo requiere inversión, tiempo y planificación, tres elementos que rara vez aparecen en el debate político, mucho más centrado en los objetivos que en los medios.
Dicho de otro modo: faltan enchufes. ¿Cuántos tenemos nuestros salones y habitaciones con regletas llenas de enchufes? En un salón de hace 20 años había una televisión y poco más; hoy una simple regleta sostiene la televisión, el router y el decodificador; un Apple TV 4K o un Google Chromecast, la consola, el altavoz inteligente tipo Amazon Echo, cargadores, iluminación conectada con mando a distancia y otros dispositivos funcionando de manera simultánea y permanente.
En la cocina oc