Empieza el segundo tiempoEmpieza el segundo tiempoEmpieza el segundo tiempo
El primer foco de atención es el conflicto entre Irán y Estados Unidos. La reciente bajada del precio del petróleo, la resistencia de la renta variable y la ligera moderación de los rendimientos de los bonos, sugieren que el mercado ha descontado buena parte de los riesgos a la baja asociados al conflicto. Pero hay matices importantes que hay que tener en cuenta: el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz aún no se ha normalizado del todo y conseguir una estabilidad real en Oriente Medio parece algo que todavía está demasiado lejos. Aun así, para los inversores podría bastar con que las tensiones no vayan a más y que las cadenas de suministro empiecen a funcionar con algo más de fluidez.
La evolución del precio del petróleo y de otras materias primas seguirá siendo clave para los bancos centrales. Por ahora han optado por la prudencia, intentando equilibrar dos riesgos: que la inflación repunte y que el crecimiento se enfríe. Entre los principales bancos centrales, solo el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BoJ) han subido los tipos, mientras que la Reserva Federal estadounidense (Fed) y el Banco de Inglaterra (BoE) han optado por esperar y ver cómo evolucionan los acontecimientos. En el caso de la Fed, su política bajo la nueva presidencia de Kevin Warsh cobrará especial relevancia. La combinación de varios años de inflación por encima del objetivo junto con dos nuevos puntos de presión inflacionista (la guerra en Irán y el auge de la inversión en inteligencia artificial), cada vez parece más probable una subida de tipos en los próximos meses. De hecho, los mercados monetarios estadounidenses ya lo están empezando a reflejar, descontando al menos una subida de 25 pb en lo que resta del año. Y si la Fed da el paso, no sería raro ver cómo otros bancos centrales, especialmente en Asia, siguen su mismo camino.
Unos tipos más altos podrían frenar la actividad económica, aunque no de inmediato. Hasta ahora, el escenario de “doblarse, pero no romperse” se ha mantenido en líneas generales. En Estados Unidos, el auge de la inteligencia artificial y el consumo impulsado por políticas fiscales actúan como colchón frente al reciente encarecimiento energético. En Europa y Japón, el apoyo fiscal juega un papel similar. Una de las grandes incógnitas para esta segunda mitad del año es si la bajada de los precios de la energía será capaz de recuperar la confianza de empresas y consumidores. Hay señales que apuntan en esa dirección, pero todavía con cierta cautela.
El calendario político también será determinante. Las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. concentrarán buena parte de la atención, porque marcarán hasta qué punto el presidente Trump puede seguir gobernando con margen o si se abre una etapa de mayor bloqueo político. En ambos escenarios habrá implicaciones para los mercados: más estabilidad normativa en caso de división, pero también posibles tensiones