El riesgo climático físico, factor a tener en cuenta en los preciosEl riesgo climático físico, factor a tener en cuenta en los preciosEl riesgo climático físico, factor a tener en cuenta en los precios
Los efectos físicos del riesgo climático son cada vez más evidentes en el aumento de la frecuencia y la gravedad de las catástrofes naturales, y las pérdidas económicas superan ahora de forma sistemática los niveles históricos. En 2025 los daños causados por desastres naturales alcanzaron los 224.000 millones de dólares a nivel global. De esa cantidad, los daños asegurados representaron unos 108.000 millones. Aunque los daños económicos totales han disminuido ligeramente desde 2024, siguen estando por encima de la media histórica de los últimos 30 años. El año 2025 también supuso el quinto año consecutivo en el que los daños asegurados por catástrofes naturales superaron los 100.000 millones de dólares.
Estas pérdidas se deben en su gran mayoría a fenómenos meteorológicos —como inundaciones, tormentas, incendios forestales y olas de calor—, mientras que los riesgos geofísicos, como los terremotos, han contribuido con una proporción relativamente pequeña de los daños totales. La concentración geográfica de estas pérdidas sigue siendo pronunciada, ya que casi el 80% de las pérdidas aseguradas a nivel mundial se producen en Estados Unidos, lo que refleja tanto el elevado valor de los activos como la elevada exposición a riesgos climáticos como huracanes, tormentas convectivas severas e incendios forestales.
Desde el punto de vista de los inversores, estas tendencias ponen de manifiesto que el riesgo climático físico ya no es un riesgo extremo, sino una perturbación macroeconómica recurrente. El aumento de las pérdidas por catástrofes influye cada vez más en los balances públicos, la asequibilidad de los seguros, la resiliencia de las infraestructuras y la volatilidad de los beneficios empresariales. A medida que los fenómenos meteorológicos extremos se vuelven más frecuentes, el sistema financiero se ve obligado a internalizar riesgos que históricamente se consideraban episódicos o idiosincrásicos.
A pesar del aumento de las pérdidas cubiertas por seguros, una parte importante de los daños económicos derivados de las catástrofes naturales sigue sin estar cubierta, lo que da lugar a una brecha de protección persistente a nivel mundial. En 2025, aproximadamente el 52% de las pérdidas económicas mundiales causadas por desastres naturales no estaban cubiertas por seguros. Esta brecha sigue suponiendo una carga desproporcionada para los gobiernos, los hogares y las empresas, especialmente en las regiones emergentes y vulnerables al clima. Es importante destacar que la persistencia de esta brecha de protección refleja tanto limitaciones de asequibilidad como restricciones estructurales en los mercados de seguros tradicionales. A medida que se intensifican los riesgos climáticos, las aseguradoras han comenzado a reevaluar la tarificación de los riesgos, los límites de cobertura y la exposición geográfica, retirándose en algunos casos por completo de las regiones de alto riesgo.