¿Podrá mantenerse la resistencia del consumidor estadounidense?¿Podrá mantenerse la resistencia del consumidor estadounidense?¿Podrá mantenerse la resistencia del consumidor estadounidense?
Entre los constantes giros y vueltas del conflicto en Oriente Medio, el entusiasmo incontenible de los mercados bursátiles y una lista cada vez mayor de posibles salidas a bolsa de gran éxito, en los últimos meses ha habido poco margen para centrarse en la situación de los consumidores estadounidenses.
En cierto modo, esa falta de atención es comprensible. Hasta ahora, los consumidores han soportado una inflación elevada, unos tipos de interés oficiales altos y un mercado laboral en desaceleración sin reducir de forma significativa su gasto, una resistencia que ha sido la base del crecimiento económico de Estados Unidos. Pero la resistencia no es lo mismo que la invulnerabilidad, y las condiciones que la han sustentado están cambiando.
Ahora, transcurridos más de cien días desde el inicio del conflicto en Oriente Medio y de las restricciones al tráfico a través del estrecho de Ormuz, la presión acumulada sobre el consumidor —algo sobre lo que ya habíamos advertido— resulta cada vez más difícil de ignorar.
Fisuras en los cimientos
Los elevados precios del petróleo y del gas acaparan la mayor atención, pero el alcance inflacionista del conflicto se extiende considerablemente más allá. El aumento de los costes del combustible para aviones se está trasladando a las tarifas aéreas y a los fletes; los precios de los fertilizantes están subiendo en una temporada de cultivo ya complicada por el fenómeno de El Niño. Además, la incertidumbre sobre los precios de los alimentos está aumentando.
En conjunto, estas presiones están haciendo algo que los datos generales de energía no captan por completo: erosionar los balances de los consumidores desde múltiples frentes al mismo tiempo.
Las cifras lo dejan claro. Las devoluciones de impuestos previstas en la Ley «One Big Beautiful Bill» han supuesto un aumento de unos 50.000 millones de dólares en los bolsillos de los consumidores. Sin embargo, según nuestro estudio, el aumento de los precios del combustible ha mermado aproximadamente dos tercios de esa ganancia, lo que ha generado un lastre neto anualizado de unos 100.000 millones de dólares, o lo que es lo mismo, unos 70 puntos básicos del poder adquisitivo de los consumidores.
La situación salarial agrava aún más esta situación. Los precios están subiendo actualmente un 4,2 % anual, mientras que los salarios solo crecen un 3,4 %, una diferencia que está mermando el poder adquisitivo. Durante el repunte inflacionista posterior a la pandemia, el fuerte crecimiento salarial supuso un auténtico colchón para los consumidores. Sin embargo, es poco probable que la dinámica de oferta y demanda, muy diferente en el mercado laboral estadounidense, ofrezca un apoyo similar en los próximos meses.
Cabe destacar que, si bien la curva en forma de K en el crecimiento salarial después de impuestos entre los distintos grupos de ingresos es tan marcada como en cualquier otro momento desde 2015, Bank of America señala